Posted on | martes, 27 de diciembre de 2011 |
Aunque el término Impresionismo se aplica en diferentes artes como la música y la literatura, su vertiente más conocida, y aquélla que fue la precursora, es la pintura impresionista. El movimiento plástico impresionista se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa —principalmente en Francia— caracterizado, a grandes rasgos, por el intento de plasmar la luz (la «impresión» visual) y el instante, sin reparar en la identidad de aquello que la proyectaba. Es decir, si sus antecesores pintaban formas con identidad, los impresionistas pintarán el momento de luz, más allá de las formas que subyacen bajo éste. El movimiento fue bautizado por la crítica como Impresionismo con ironía y escepticismo respecto al cuadro de Monet Impresión: sol naciente. Siendo diametralmente opuesto a la pintura metafísica, su importancia es clave en el desarrollo del arte posterior, especialmente del postimpresionismo y las vanguardias.

Claude Monet, Impresión: soleil levant, 1872–1873 (París, Museo Marmottan Monet). Cuadro al que debe su nombre el movimiento.
Paisajistas ingleses
De
Turner
los impresionistas tomarían su gusto por la fugacidad, sus superficies
borrosas y vaporosas y el difuminado y mezcla de colores intensos. Así
como la descripción de un momento visual más allá de la descripción
formal, en el que la luz y los colores dan lugar a una «impresión» más
poderosa. El máximo exponente de estas características lo encontramos en
Lluvia, vapor y velocidad (
1844)
National Gallery de Londres, cuadro que podríamos considerar ya preimpresionista. Los impresionistas eliminarán el componente
sublime de la obra de
Turner, propio de la
pintura romántica.
Édouard Manet
Si hay un
autor clave entre los
precursores del movimiento impresionista, éste es
Édouard Manet. Dos trabajos son esenciales en la comprensión de su influencia sobre el grupo.

Édouard Manet, Le Déjeuner sur l’Herbe (1863). Museo de Orsay.
En su
Desayuno sobre la hierba
Manet presenta un bodegón. Pese a que las figuras representadas son
humanas, el autor trabaja el cuadro como si fuera una naturaleza muerta.
Esto se evidencia por la ausencia de conexión de unos personajes con
otros, tres personajes van vestidos mientras que el cuarto está desnudo;
las miradas nunca se encuentran aunque haya un personaje hablando y la
disposición en primer (cesta y comida), segundo (grupo) y tercer término
(mujer en el agua) es meramente compositiva. Este trabajo influenciará a
los impresionistas en la desatención del modelo y de la narración.
Por otra parte
El bar del Folies-Bergère
evidenciará el deseo de tratar los fenómenos lumínicos al introducir un
espejo al fondo que refleja toda la profundidad de la sala y las
grandes lámparas de araña, iluminación artificial que crea una luz
difusa y menos directa y, por tanto, más difícil de pintar,
recordándonos a las escenas festivas de
Renoir.
Corot y la escuela de Barbizon
Los impresionistas habían tenido un precedente en
Camille Corot y en la
Escuela de Barbizon.
Corot tuvo un importante papel en la formulación del Impresionismo,
porque renunció a muchos de los recursos formales renacentistas
prefiriendo concentrar su atención en espacios más planos, más sencillos
y en superficies más luminosas. Y, aunque a diferencia de los
impresionistas nunca llegó a fragmentar la luz en sus componentes
cromáticos y siempre organizó y simplificó sus formas para conseguir una
cierta composición clásica, también usó con frecuencia una elevada
clave tonal así como, en términos generales, un frescor y una
espontaneidad nuevos en el Salón oficial.
Historia
Inicios
Con anterioridad al Impresionismo, el marco artístico, era dominado por un
eclecticismo, al que respondió
la generación de las rupturas estilísticas, una serie de rupturas que darán personalidad propia al
arte moderno.
La primera de ellas o, si se prefiere, su preámbulo, es el
Impresionismo, un movimiento, resultado de una prolongada evolución, que
coloca definitivamente al
siglo XIX bajo el signo del paisaje y que busca un lenguaje nuevo basado en un
naturalismo extremo.
Tiende a usar con creciente frecuencia
colores puros y sin mezcla, sobre todo los tres colores primarios y sus
complementarios, y a prescindir de negros, pardos y tonos terrosos.
Aprendieron también a manejar la pintura más libre y sueltamente, sin
tratar de ocultar sus pinceladas fragmentadas y la luz se fue
convirtiendo en el gran factor unificador de la figura y el
paisaje.
Millet, Les Glaneuses (1857), Museo de Orsay.
Florecimiento y primera exposición
El año
1873
marcará un giro característico del Impresionismo: el paso de la fase
preparatoria a la fase de florecimiento. Los tanteos estaban olvidados y
el trabajo adelantado.
Pisarro y
Monet habían hecho en Londres estudios de edificios envueltos en nieblas;
Alfred Sisley, aún más vaporoso, se les había adelantado por ese camino; Renoir se hallaba, de momento, bajo la total influencia de Monet; y
Edgar Degas empezaba a tratar los tutús de sus bailarinas del mismo modo que Monet o Renoir las flores del campo.
Todos los impresionistas, incluyendo a
Berthe Morisot,
eran ya conscientes de formar un grupo y de tener iguales objetivos que
defender. Su primera aparición pública como tal se estaba fraguando. A
fin de pesar más a los ojos del público intentaron atraerse a otros
artistas y fundaron una
Sociedad anónima de
pintores,
escultores y
grabadores que, por fin, en
1874, logró organizar una muestra en los salones del fotógrafo
Nadar.
En total participaron treinta y nueve pintores con más de ciento
sesenta y cinco obras de las que diez eran de Degas, la mayor aportación
individual del grupo, y entre las que estaba la ya legendaria
Impresión: sol naciente de Monet que, burlonamente citada por un crítico, dio nombre al grupo.
La difusión
El Impresionismo se difunde en toda
Europa (entre otras cosas, gracias a la facilidad y rapidez con la que se podía ejecutar una obra).
Técnica y estética impresionista
Colores puros
La segunda mitad del siglo XIX presenció importantes evoluciones
científicas y
técnicas que permitieron la creación de nuevos
pigmentos con los que los
pintores darían nuevos
colores a su
pintura, generalmente al
óleo. Los pintores consiguieron una pureza y
saturación del color
hasta entonces impensables, en ocasiones, con productos no naturales. A
partir del uso de colores puros o saturados, los artistas dieron lugar a
la ley del
contraste cromático, es decir: «todo color es relativo a los colores que le rodean», y la
ley de colores complementarios
enriqueciendo el uso de colores puros bajo contrastes, generalmente de
fríos y cálidos. Las sombras pasaron de estar compuestas por colores
oscuros a estar compuestas por colores fríos o desaturados que, a la
vez, creaban ilusión de profundidad. Del mismo modo, las luces pasaron
de ser claras a ser saturadas y cálidas, resaltando del fondo. Podemos
decir que, rompiendo con la dinámica clásica del
claroscuro, más propio del
dibujo,
una sombra podría ser más intensa, clara y saturada que una luz y, sin
embargo, seguir creando ilusión de sombra y profundidad. Asimismo
enriquecieron el lenguaje plástico separando los recursos propios del
dibujo y aplicando únicamente los recursos propios de la pintura: es
decir, el color. Para definir la forma, su riqueza de color les permitió
afinar el volumen mediante más matices lumínicos, creando luces dentro
de las zonas de sombra y sombras dentro de las zonas iluminadas
recurriendo únicamente al uso del color. Un buen ejemplo del uso de los
colores saturados para luces y sombras indistintamente lo encontramos en
el cuadro
La catedral de Ruán de
Claude Monet al lado. Este uso de los colores sería absorbido después por las
primeras vanguardias, especialmente por el
fovismo de
Matisse o
Gauguin.

Claude
Monet, Parlamento de Londres. Pinceladas lineales de colores puros dan
lugar a una visión unitaria de atmósfera y gradación de cálidos a fríos.
Pincelada gestáltica
Aunque la teoría gestáltica apareció más adelante, los pintores
impresionistas mostraron plásticamente lo que la psicología de la
Gestalt vendría a demostrar psicológica y científicamente más adelante:
perceptivamente, si se dan ciertas condiciones, partes inconexas dan
lugar a un todo unitario. El uso de pequeñas pinceladas de colores puros
resultó en un todo vibrante; y, aunque las pinceladas aisladamente no
obedecieran a la forma o al color local del modelo, en conjunto —al ser
percibidas global y unitariamente— adquirían la unidad necesaria para
percibir un todo definido. Este recurso fue llevado al máximo por los
neoimpresionistas, también conocidos como puntillistas como Seurat o
Signac.
Forma
Auguste Renoir,
La Balançoire. La plasmación de la luz sobre el cuerpo es más importante que la descripción de su forma.
La descripción de la forma, relegada a
segundo plano y dejada a manos del dibujante y no del pintor queda
subordinada a la definición de las condiciones particulares de
iluminación. Por eso los artistas impresionistas buscarán condiciones
pintorescas de iluminación como retos a su genio, recurriendo a
iluminaciones de interior por luz artificial —como Edgar Degas y sus
bailarinas—, la iluminación natural filtrada —como Auguste Renoir y la
luz pasando entre hojas de árboles— o la iluminación al aire libre con
reflejos en el agua o multitudes de gente como Claude Monet. La pintura
pasa a ocuparse de aquello que le es intrínseco: la luz y el color y en
ningún caso a la descripción formal del volumen heredada del clasicismo;
Así las formas se diluyen, se mezclan o se separan de forma imprecisa
dependiendo de la luz a la que están sometidas, dando lugar a esa
«impresión» que le da nombre al movimiento.
Variantes en la estética impresionista
No todos los pintores del grupo fueron
iguales y, ni mucho menos, fielmente ortodoxos con respecto a la
estética impresionista. Las sólidas estructuras de luz y sombra de
Eduard Manet fueron realizadas en su mayoría en interiores, después de
muchos estudios preliminares, y tienen la dicción formal del arte de
estudio, no la frescura de la pintura al aire libre. La atmósfera y el
color local no eran, ni mucho menos, sus objetivos primordiales, y
cuando representaba lo que parece, a primera vista, un tema
«impresionista» era capaz de cargarlo con tantas ironías y
contradicciones que llegaba a empañar toda su inmediatez.
Dejando aparte a Berthe Morisot, el
pintor del grupo que más se le aproxima es Edgar Degas, con una pintura
difícil de comprender por su aguda inteligencia, sus intrigantes mezclas
de categorías, sus influencias poco convencionales y, sobre todo, su
tan traída y tan llevada «frialdad», aquella fría y precisa objetividad
que fue una de las máscaras de su infatigable poder de deliberación
estética.
De hecho, ningún pintor del grupo es tan
puramente impresionista como Claude Monet. En su obra el factor
dominante es un claro esfuerzo por incorporar el nuevo

Auguste Renoir, La Balançoire. La plasmación de la luz sobre el cuerpo es más importante que la descripción de su forma.
modo de visión, sobre todo el carácter de
la luz, mientras que la composición de grandes masas y superficies
sirve únicamente para establecer cierta coherencia.
Por su parte, Renoir es el pintor que nos
convence de que la estética del Impresionismo fue, sobre todo,
hedonista. El placer parece la cualidad más evidente de su obra, el
placer inmediato y ardiente que produce en él la pintura. Nunca se dejó
agobiar por problemas de estilo y llegó a decir que el objeto de un
cuadro consiste simplemente en decorar una pared y que por eso era
importante que los colores fueran agradables por sí mismos.
Sin duda, Camille Pissarro fue el menos
espectacular de los impresionistas porque es un pintor más tonal que
esencialmente colorista. Pero, decano del Impresionismo, tuvo un
importante papel como conciencia moral y guía artístico.
Y, por último, trabajando a veces con
Renoir y a veces con Monet, estaba Alfred Sisley, influido por ambos.
Durante toda su vida siguió fielmente las directrices de los
impresionistas pero nunca llegó a abandonar «la caza del motivo» y
siempre se dejó llevar espontáneamente, con una facultad de comunicación
directa, por un Romanticismo subyacente y lleno de poesía.
Recordando siempre que la primera
manifestación oficial del impresionismo fue la exposición organizada en
1874 en el estudio del fotógrafo Nadar, al margen del Salón oficial, por
un grupo de pintores (Bazille, Cézanne, Degas, Monet, Morisot,
Pissarro, Renoir, Sisley), cuyas obras motivaron el rechazo generalizado
de la crítica y del público. Un cuadro de Monet, Impresión, sol naciente,
motivó la denominación «impresionismo», creada con intención peyorativa
por el crítico Leroy. Esta primera muestra fue el punto de llegada de
un período de formación iniciado unos quince años antes por un grupo de
artistas de la Academia Suiza (Pissarro, Cézanne, Guillaumin, Monet,
Renoir, Sisley, Bazille), quienes, interesados en romper con los
planteamientos pictóricos tradicionales y a partir de las innovaciones
de Corot y de los paisajistas de la escuela de Barbizon, se centraron en
la pintura al aire libre y buscaron el plasmado cambiante de la
luminosidad de los paisajes y de las figuras humanas. Durante este
período inicial fue fundamental la figura de Manet, quien, con La
merienda campestre y con Olimpia, se convirtió en el abanderado del
antiacademicismo. Tras la primera exposición, los impresionistas
reunieron sus obras en siete ocasiones más (1876, 1877 —que plasmó el
momento de mayor cohesión del movimiento—, 1879, 1880, 1881, 1882 y
1886), a lo largo de las cuales dejaron de participar algunos de los
artistas pioneros (Cézanne, Monet, Renoir, Sisley) y se añadieron nuevos
nombres (Cassatt, Gauguin, Redon, Seurat, Signac). Las primeras
publicaciones importantes sobre la nueva tendencia fueron los artículos
de Zola (en L’Évènement) y de Castagnary (en Le Siècle), La nouvelle peinture (1876), de Duranti, y la Historia de los pintores impresionistas
(1878), de Duret. El impresionismo creó escuela también en otros países
europeos; son de destacar Zandomeneghi en Italia; en España, Regoyos,
finales de 1915, Eugenio Hermoso, La Juma, la Rifa y sus amigas, y 1920
por Sorolla, Claus en Bélgica, Grabar e Isaac Levitán en Rusia, Steer y
Sickert en Gran Bretaña y Sargent, Hassam y Twachtman en EE UU.
Tenemos que recordar que también implicó a
los músicos impresionistas, frente al dramatismo de los románticos,
trataron de aludir más que de afirmar y se expresaron más por medio de
la disociación armónica y del timbre y del color de los instrumentos que
por medio de la melodía. Sus máximos representantes fueron C. Debussy y
M. Ravel, aunque también estuvieron influenciados por esta técnica
autores como P. Dukas, F. Delius, A. Caplet, F. Schmitt o R. Vaughan
Williams.
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